Por: Carlos Garcia Matos.
El parque de mi pueblo está el busto de un patriota y 4 flamboyanes, diría parafraseando a un gran poeta nacido en Banes, quien escribió sus primeras estrofas sentado en los viejos bancos de este lugar, donde la gente va a mitigar el fuerte sol y entregarse al amor.
Allí está el Apóstol con su mirada eterna franqueando la entrada a los que recorren día a día este sitio para pisar las losas de la historia y encontrarse con la leyenda de los tiempos que cuentan nuestros abuelos que van a recordar mientras los niños juegan con su sonrisa de futuro.
Allí están los flamboyanes con sus copas floridas y su sombra mitigadora, testigos de tantos besos, congregaciones públicas, festejos y procesiones religiosas, custodiando la Santa Iglesia Católica y los viejos caserones de madera de un Banes hermoso y sublime.
Cada paso por este sitio es como hurgar en la historia, es ver tocar a Benny Moré con su Banda Gigante en el antológico Ceibón Club, sentir los acordes de la orquesta de Pacho Alonso o la voz danzonera de Barbarito Diez.
Ahí está el busto de Martí y los añejos flamboyanes, viendo pasar el tiempo, abriendo paso a la vida, regalando cada dia un sorbo de frescor ante el intenso sol, dándole un toque de belleza al entorno o fieles testigos de tanta poesía, amores e historias.




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